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2 dic 2008

¿Polidiotas?

Viendo un poquito la tele mientras comía el otro día,  cacé al vuelo una noticia sobre Telemadrid, una cadena que, como todas, tiene sus defensores y sus acérrimos detractores, sobre todo por causa de lo de siempre, la politización de las cadenas públicas. Sin embargo, esta vez -y ya era hora- la novedad me supo a hito que esperemos que la competencia se apresure a copiar, igual que hacen con todos esos programas basura que clonan y repiten hasta provocar la naúsea. Resulta que Telemadrid va a emitir programas infantiles -dibujitos principalmente, creo- en inglés, con subtítulos también en inglés para que los nenes se acostumbren desde pequeños a otro idioma. Por fin alguien se ha dado cuenta del lamentable nivel de conocimiento de otras lenguas que tenemos los españolitos. Y lo mejor para remediar este desastre políglota es que los infantes lean y escuchen otros idiomas lo antes posible, para que cuando se pongan a estudiarlo, estén al menos familiarizados con determinados sonidos, con la música de otras lenguas. Si como en otros países en España también hubiéramos visto en la tele determinados programas -series extranjeras, películas, etc.- en otros idiomas desde hace años, el nivel de dominio de otras idiomas habría avanzado muchísimo. Pero sorprendentemente, a nuestros responsables educativos nunca les ha importado demasiado este asunto. A ver si cunde el ejemplo. 


27 jun 2008

La jungla urbana: los mediadores (II)

Ya escribí en su día en mis reflexiones sobre la jungla urbana acerca de esos molestos individuos que se paran en grupos en las aceras de las calles, cortando el paso a los demás viandantes y molestándose cuando se les hace notar que uno necesita y tiene también derecho a usar la acera. Los mediadores.

Hoy me detendré en la fauna que pobla ya hace años los túneles, escaleras y pasillos del metro de Madrid, individuos e individuas -que diría la ministra de Igualdad- que harían las delicias de cualquier exterminador social deseoso de imponer el imperio de las buenas formas. Aquí también hay mediadores, de gran categoría, esos y esas que se meten en el vagón con un trotecillo cochinero a la vez dinámico y apurado, para luego pararse en seco en cuanto alcanzan el interior del convoy. ¿Es que acaso -cretinos egoístas- no se os ha ocurrido que tras vosotros puede llegar por los pelos alguna otra apurada persona que tampoco quiera dejar escapar ese tren? Pues cuando esto ocurre, el último en llegar se encuentra con que su trotecillo cochinero se da de bruces con la espalda del idiota que acaba de entrar y se ha quedado parado justo delante de la puerta, ya bien agarradito a alguna barra y felicitándose por su hazaña. Y claro, hay que solicitar permiso para entrar, como quien pide perdón por haber hecho algo malo. Otra opción son los codazos, también práctica habitual en estos casos.

Eso por no hablar del atasco que se monta en los alrededores de las puertas de los vagones, y que le obligan a uno a ir oliendo el cogote del vecino -cuando no algo peor-, mientras el centro del habitáculo permanece bastante despejado.

Luego están los que se quedan parados a la izquierda en las escaleras mecánicas e impiden el paso. ¿Donde ha estado esta gente desde hace veinte años? Veinte años, que es el tiempo del que deben datar los carteles en el metro que piden amablemente a los viajeros que se sitúen a la derecha en las escaleras para permitir el ascenso rápido de aquellos que quieran pasar. Veinte años de machacona cartelería para que algunos sigan haciendo lo que les sale del culo. ¿Por qué, dios, por qué?

¿Para cuándo una Asignatura de Ciudadanía que enseñe estas cosas en los coles?
Photo: Varmazis

27 dic 2007

La jungla urbana: huelga y vergüenza

Los trabajadores de los servicios de limpieza del metro de Madrid están en huelga. No seré yo quien niegue a nadie tal derecho, pero cuando los métodos de presión de los huelguistas incluyen -como ha podido verse en las grabaciones de las cámaras del suburbano- rociar el suelo de entrada a una estación con aceite, la cosa pasa de castaño oscuro. El bárbaro cretino al que se le ocurrió semejante cosa hizo caer de morros -que se sepa- a dos señoras, y con semejante acción pierde el derecho a la huelga y hasta a llamarse ciudadano y persona. No tengo idea de si alguna de las dos mujeres cuyo resbalón provocado captó la cámara del metro ha sufrido
algún daño, pero podrían, porque la costalada fue monumental. Y entonces habría que ir a buscar al imbécil al que se le ocurrió pagarla con los usuarios del metro, para que le procesen por atentar contra la integridad de los viajeros, que nada tienen que ver con las condiciones laborales de los limpiadores de ese transporte público. En algunas webs se especula con que la propia patronal sea responsable de semejante despropósito, con el objetivo de manchar la imagen de los huelguistas. Sea como fuere, al animal que vertió el aceite había que haberlo mandado a limpiarlo todo con la lengua.

Eso sí, nos hacen un gran cumplido a los madrileños estos señores huelguistas que esparcen basura por doquier, al pensar que sin su ayuda no se notará después de diez días que el metro no se limpia. No hacía falta, hombre.
Foto: Robert van der Burg