Viendo un poquito la tele mientras comía el otro día, cacé al vuelo una noticia sobre Telemadrid, una cadena que, como todas, tiene sus defensores y sus acérrimos detractores, sobre todo por causa de lo de siempre, la politización de las cadenas públicas. Sin embargo, esta vez -y ya era hora- la novedad me supo a hito que esperemos que la competencia se apresure a copiar, igual que hacen con todos esos programas basura que clonan y repiten hasta provocar la naúsea. Resulta que Telemadrid va a emitir programas infantiles -dibujitos principalmente, creo- en inglés, con subtítulos también en inglés para que los nenes se acostumbren desde pequeños a otro idioma. Por fin alguien se ha dado cuenta del lamentable nivel de conocimiento de otras lenguas que tenemos los españolitos. Y lo mejor para remediar este desastre políglota es que los infantes lean y escuchen otros idiomas lo antes posible, para que cuando se pongan a estudiarlo, estén al menos familiarizados con determinados sonidos, con la música de otras lenguas. Si como en otros países en España también hubiéramos visto en la tele determinados programas -series extranjeras, películas, etc.- en otros idiomas desde hace años, el nivel de dominio de otras idiomas habría avanzado muchísimo. Pero sorprendentemente, a nuestros responsables educativos nunca les ha importado demasiado este asunto. A ver si cunde el ejemplo.
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2 dic 2008
¿Polidiotas?
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22 sept 2008
Discriminación ¿positiva?
Mi chico dice que debería existir una asociación de hombres que protestara por el nuevo anuncio del Seat Ibiza, en el que sus ocho pilotos del Mundial de Turismos corren como posesos y se pelean por llegar al nuevo modelo de la firma, en el que ya está sentada una rubia -la piloto suiza Christina Surer- que les mira desdeñosa y sale quemando rueda mientras exclama: ¡hombres!. Sí, dan una imagen un poco patética de los pobres pilotos -en broma, por supuesto-, pero si los papeles hubieran estado cambiados y fueran las mujeres las que pelearan por llegar al coche, seguro que las feministas ya hubieran puesto el grito en el cielo. Eso nos hizo pensar en la discriminación positiva, que como bien sabéis, es un término tan maravillosamente idiota como el de las catástrofes humanitarias. Porque no puede haber discriminación buena. La discriminación siempre perjudica a alguien. Otra cosa es que nos la sople discriminar a los hombres porque siempre lo tuvieron más fácil. Pero claro, el que se ve discriminado ahora en favor de una mujer puede ser el hijo o el nieto del que lo tuvo más fácil que las féminas de su tiempo. Y no tiene la culpa de nada.
Así que no, no me gusta la discriminación positiva. Ni las catástrofes humanitarias. Ni las personas humanas.
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27 jun 2008
La jungla urbana: los mediadores (II)
Ya escribí en su día en mis reflexiones sobre la jungla urbana acerca de esos molestos individuos que se paran en grupos en las aceras de las calles, cortando el paso a los demás viandantes y molestándose cuando se les hace notar que uno necesita y tiene también derecho a usar la acera. Los mediadores.Hoy me detendré en la fauna que pobla ya hace años los túneles, escaleras y pasillos del metro de Madrid, individuos e individuas -que diría la ministra de Igualdad- que harían las delicias de cualquier exterminador social deseoso de imponer el imperio de las buenas formas. Aquí también hay mediadores, de gran categoría, esos y esas que se meten en el vagón con un trotecillo cochinero a la vez dinámico y apurado, para luego pararse en seco en cuanto alcanzan el interior del convoy. ¿Es que acaso -cretinos egoístas- no se os ha ocurrido que tras vosotros puede llegar por los pelos alguna otra apurada persona que tampoco quiera dejar escapar ese tren? Pues cuando esto ocurre, el último en llegar se encuentra con que su trotecillo cochinero se da de bruces con la espalda del idiota que acaba de entrar y se ha quedado parado justo delante de la puerta, ya bien agarradito a alguna barra y felicitándose por su hazaña. Y claro, hay que solicitar permiso para entrar, como quien pide perdón por haber hecho algo malo. Otra opción son los codazos, también práctica habitual en estos casos.
Eso por no hablar del atasco que se monta en los alrededores de las puertas de los vagones, y que le obligan a uno a ir oliendo el cogote del vecino -cuando no algo peor-, mientras el centro del habitáculo permanece bastante despejado.
Luego están los que se quedan parados a la izquierda en las escaleras mecánicas e impiden el paso. ¿Donde ha estado esta gente desde hace veinte años? Veinte años, que es el tiempo del que deben datar los carteles en el metro que piden amablemente a los viajeros que se sitúen a la derecha en las escaleras para permitir el ascenso rápido de aquellos que quieran pasar. Veinte años de machacona cartelería para que algunos sigan haciendo lo que les sale del culo. ¿Por qué, dios, por qué?
¿Para cuándo una Asignatura de Ciudadanía que enseñe estas cosas en los coles?
Photo: Varmazis
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15 nov 2007
El italiano de 'Supermodelo' y las empresarias del futuro
Me cuenta un colega -que estuvo ayer en un encuentro del Instituto de Empresa y la Cámara de Comercio para emprendedores- una anécdota jugosa. El evento registró una notable asistencia, compuesta en su mayoría por jóvenes estudiantes, suponemos que de facultades y escuelas de negocios varios. Pues bien, tras analizar intensivamente durante el día los requisitos para triunfar en el mundo empresarial, invitaron al italiano Valerio Pino (bailarín y modelo italiano, famoso en España por ser uno de los profesores del televisivo concurso 'Supermodelo'), a cerrar la jornada. Pero antes, el director del evento invitó a dos espontáneos a subir al estrado para valorar el desarrollo del mismo. Según me cuenta mi compañero, uno de los dos chavales que subieron al estrado aseguró que las jornadas habían sido muy interesantes, pero que no entendía -con mucha razón, por cierto-, por qué habían invitado a clausurarlas a un señor que no tenía nada que ver con aquel asunto y que trabajaba en un programa que denigraba a las mujeres. El público estalló en aplausos, secundando la reivindicación feminista (o femenina, como prefiráis, que ni uno ni otro término me asustan) del joven emprendedor. Sin embargo, y tal y como estaba previsto, tras estas últimas intervenciones subió a estrado el presentador italiano, famoso por asustar con aullidos de contenido implacable a las tiernas jovenzuelas que concursan para convertirse en super modelos en un programa de Cuatro. El auditorio se convirtió en un desgañitado grito de gallina adolescente. Después de las típicas palabras de cortesía, Valerio invitó a los presentes a participar en un sorteo para asistir en directo al programa. Sacó un nombre de entre la lista de asistentes. El afortunado gritó en medio de la sala: "No quiero ir". Con el siguiente ocurrió lo mismo. Y con el tercero también. Eran todos chicos. Manteniendo la presencia de ánimo con la soltura que dan las cámaras y los platós de un programa como Supermodelo, Valerio decidió rápidamente: "Vamos a hacer una cosa: las primeras personas que suban al escenario estarán invitadas a venir al programa". Y ahí empezó la hecatombe. Según mi colega, en ese momento unas veinte jóvenes muchachas se abalanzaron sobre el estrado, en una frenética carrera hacia su pase a la tele, brincando incluso por encima de las butacas del salón de actos...
Aparte de lo divertida que debió ser la escena, me complace sobremanera saber que algunos jovenzuelos defienden con tanta vehemencia la dignidad de la mujer, utilizada en programas de televisión y concursos de belleza como objeto decorativo. Aunque en el mundo actual los hombres también decoran y sirven para vender cosas. El culto incondicional y absoluto a la belleza ya es cosa de todos. Pero gracias, chicos.
También me hace gracia que las emprendedoras del futuro se maten por conseguir un pase a la tele para ver en directo un programa como Supermodelo. ¿Una secreta vocación? ¿Simple tontería juvenil? Sea lo que sea, quedaron como el culo las nenas.
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22 sept 2007
La jungla urbana: los mediadores
Tengo la gran fortuna de poder ir caminando a trabajar. Salgo a la calle cada mañana con mi iPod conectado a las orejillas, con la música más alegre e inspiradora que pueda encontrar, para que el paseo matutino hasta la oficina se convierta en algo agradable. Es una buena forma de iniciar el día sin los agobios del tráfico, los empujones del transporte público y, en definitiva, la vorágine laboral de una gran ciudad como Madrid. Pero las aceras tampoco se libran de algunos obstáculos que uno debe superar para que el viaje laboral culmine con éxito. Los semáforos y cruces imposibles, las zanjas y vallas de las obras, y esos a los que he bautizado como "los dichosos mediadores", que se multiplican por las calles como los hongos con la humedad del otoño. Sí, los mediadores: esos individuos e individuas que, con cualquier pretexto, se aparcan en medio de la acera impidiendo el paso a los que con ellos comparten las calles de la ciudad. Buscar algo en el bolso, charlar amigablemente con las vecinas, o la necesidad de propinar unos azotillos en el culo al nene díscolo son suficiente motivo para congestionar la acera e impedir el paso a los demás viandantes. Y en ocasiones, por más que uno busca, no encuentra camino alternativo, y ha de pedir permiso para circular por la calle. Increible, pero cierto. ¿Nadie ha enseñado a esta gente que no se puede uno parar en medio de la acera como si fuera un burro abandonado? Ah, y no se le ocurra hacerles notar la incomodidad que provocan, porque las caras de incomprensión y estulticia son de no te menees. No comprenden nada. Despeje, oiga, despeje, que la calle no es suya. ¿Enseñarán a conducirse por la vía pública los nuevos manuales de Educación para la Ciudadanía? Mucho me temo que no...
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4 sept 2007
La vuelta al cole
Ya estamos de vuelta. Y tampoco pasa nada, la verdad. Como a todo hijo de vecino, me gustaría seguir de vacaciones, claro. Pero si algo aprendí hace mucho tiempo es que todo lo bueno se acaba, y que además se disfruta de las cosas por contraste. Sabemos lo que es el ocio porque sabemos lo que es el trabajo, y sabemos lo que es dulce porque conocemos lo salado. Así que afortunadamente nunca he sufrido de síndrome post-vacacional, esa chuminada inventada por los psicólogos para definir la contrariedad natural que a uno de produce tener que volver al tajo, y que algunos elevan a la categoría de mini-depresión sin motivo fundado. Hay que ver qué flojos somos. A picar piedra a pleno sol habría que llevar a algunos. Foto: Genie McChane’s
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8 jul 2007
Educación para la ciudadanía
Estos días he estado oyendo en el trabajo y en la calle, conversaciones sobre la Educación para la ciudadanía, que por lo que he conseguido entender, es una nueva asignatura obligatoria que se va a impartir en las escuelas o institutos. Como hace ya (mucho) tiempo que dejé de ser estudiante dentro del mundo académico estatalmente establecido -que quien quiera estudiar puede hacerlo en cualquier sitio, sobre cualquier materia y cuando a uno le plazca-; y hace tiempo perdí la cuenta de las sucesivas reformas educativas y sus estructuras, no he pillado muchos más detalles del asunto. Lo que sí he observado es que se trata de un asunto polémico, que tiene al gobierno de izquierdas enfrentado con la oposición de derechas, para variar. Unos que si les van a quitar la subvención a los colegios concertados que no ofrezcan esa asignatura, otros que si no van a adoctrinar a los estudiantes... Sin saber muy bien de qué va la cosa, y si van los tiros por donde imagino, no concibo tiempo mejor empleado en las escuelas que el de hacer de los niños y adolescentes futuros ciudadanos de hecho y derecho, conscientes de sus prerrogativas, pero también de sus obligaciones. Ciudadanos libres pero responsables, bien educados, amables y limpios. Ciudadanos que pidan perdón al pisar a otro en el metro y dejen sentarse a ancianos, embarazadas, infartados, inválidos, desvaídos o cualquier otra persona que lo necesite. Ciudadanos que no se pasen la película pegando patadas a tu butaca, o cogiendo llamadas en el móvil en el cine. Ciudadanos que no emitan dos maldiciones de cada tres palabras que dicen cuando van al volante. Ciudadanos, y ciudadanas también, claro, porque como periodista que soy, no está nunca en mi ánimo añadir precisiones linguísticamente supérfluas a un texto si no es por embellecerlo, así que cuando hablo de ciudadanos, me refiero a ellos y a ellas. Ciudadanos y ciudadanas, digo, que no quemen papeleras para entretenerse y respeten el bien público, que es suyo y mío.
Esta es la educación para la ciudadanía que yo quisiera para mí misma y mis conciudadanos, ahora que ya tengo unos años -ni muchos, ni pocos-, quizá los sufiencientes para apreciar estas pequeñas cosas, o demasiados para que no me importe. ¿Será esta la Educación para la Ciudadanía de la que hablan?
4 jun 2007
Ingratos
Alex Rovira escribe en El País: "En un país lleno de ingratos, de personas que no dan ni los buenos días o piensan que merecen todo aquello que les viene dado, se impone recordar que no pasa nada por dar las gracias. A nadie le saldrá urticaria. Un sencillo gesto o una palabra amable nos acercan al otro por la honorable vía del reconocimiento." La gratitud no sólo nos acerca al otro, sino que además es un excelente lubricante para las relaciones humanas. La educación, las buenas formas, la urbanidad o la cortesía nos hacen la vida más agradable, y son imprescindibles en un mundo cada vez más duro y veloz. Sin ellas, la vida diaria se parece cada vez más a la supervivencia en una jungla.
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