29 oct 2007

El video de la semana: tu firma es importante

Esta semana estreno formato de vídeo. En lugar de colgar los anuncios en el lateral derecho de la página, como hasta ahora, voy a aprovechar la nueva herramienta de Blogger, que permite incluir video en los mensajes. Hoy os traigo un anuncio de Amnistía Internacional (AI), una de las organizaciones más importantes en la defensa de los derechos humanos en todo el planeta. El trabajo de AI pretende concienciarnos sobre la importancia de nuestra firma para salvar vidas. Es un trabajo bonito y emotivo que nos invita a firmar peticiones para ayudar a los que están en peligro por la guerra, la violencia sexual, la tortura, la prisión injustificada..."Tu firma es más poderosa de lo que imaginas".

28 oct 2007

Ricardito en el País de los Soviets I

Tengo un amigo fotógrafo, un maño guapo y peculiar, que viaja por trabajo, por amor y por placer. Hace ya un par de meses que vive en Rusia y ha estado enviando a los amigos algunas crónicas sobre sus avatares diarios en tan frías y lejanas tierras. No tienen desperdicio, porque ofrecen curiosas pinceladas sobre la vida de un español en un lugar para la mayoría de nosotros casi desconocido. Así que le he pedido que me diera permiso para publicarlas. Aquí está la primera entrega:

Ricardito en el País de los Soviets: Primeros días en Minsk

Las sensaciones son algo único e intransferible, tan sólo quien vivió situaciones similares puede hacerse un esbozo de lo que el narrador describe. En este caso aquellos que hayáis sentido la soledad más superlativa, aquella que por su enormidad amordaza el alma, podréis comprender lo que es mi primer "round" emocional en esta ciudad. Jamás sentí una soledad más intensa que esta. Ello no es malo, ni siquiera negativo, simplemente es. Esta es una ciudad amplia, fría en superficie, que te hace sentir pequeño. El idioma, endemoniado como ninguno, no pone el asunto nada fácil, y los eslavos, gente de gran corazón pero de coraza emocional impenetrable, hacen que la ansiedad me atrofie la razón. Doy gracias a la Madre Naturaleza, única y sabia diosa, por inventar la valeriana. Que no os llame a engaño este pequeño texto. Si bien todo lo anterior es cierto, ello es en si un disfrute, pues es la experiencia extrema aquella que nos hace crecer. Además tan importante es lo que la experiencia te enseña de los lugares visitados como lo que te enseña sobre ti mismo. Es este último punto lo definitivo, lo que hace que, en último término, el trauma se metamorfosee en placentera experiencia vital.

Lo difícil no es vivir, sino disfrutarlo. Un beso de este vuestro amigo inquieto, ansioso y algo torpe, pero al que queréis ¿no?.
Ricardo Marquina - Photographe

Macanudos de Liniers

Recientemente he descubierto las tiras cómicas del dibujante argentino Ricardo Liniers. Sus dibujos forman un universo poblado por hombres misteriosos, una niña con un gato que se llama Fellini, pingüinos, gallinas, una aceituna con sombrero que se llama Oliverio, y cosas que le pasan a uno cuando está vivo. Inocentes y tiernos, sus personajes a veces son crueles de puro infantil, reflexionando sobre el amor, las pequeñas cosas de la vida, la imaginación, y sobre un mundo a veces también cruel y extraño. Me encantó desde el principio, pero me hice incondicional cuando descubrí que uno sus personajes, un niño llamado Martincito, tiene un amigo imaginario, un monstruo azul que se llama Olga.

Merece la pena echar un vistazo a su página web, donde se pueden ver sus historietas y algunas otras cosas interesantes. Si os engancháis como yo, en este blog están publicadas todas sus tiras.

22 sept 2007

La jungla urbana: los mediadores

Tengo la gran fortuna de poder ir caminando a trabajar. Salgo a la calle cada mañana con mi iPod conectado a las orejillas, con la música más alegre e inspiradora que pueda encontrar, para que el paseo matutino hasta la oficina se convierta en algo agradable. Es una buena forma de iniciar el día sin los agobios del tráfico, los empujones del transporte público y, en definitiva, la vorágine laboral de una gran ciudad como Madrid. Pero las aceras tampoco se libran de algunos obstáculos que uno debe superar para que el viaje laboral culmine con éxito. Los semáforos y cruces imposibles, las zanjas y vallas de las obras, y esos a los que he bautizado como "los dichosos mediadores", que se multiplican por las calles como los hongos con la humedad del otoño. Sí, los mediadores: esos individuos e individuas que, con cualquier pretexto, se aparcan en medio de la acera impidiendo el paso a los que con ellos comparten las calles de la ciudad. Buscar algo en el bolso, charlar amigablemente con las vecinas, o la necesidad de propinar unos azotillos en el culo al nene díscolo son suficiente motivo para congestionar la acera e impedir el paso a los demás viandantes. Y en ocasiones, por más que uno busca, no encuentra camino alternativo, y ha de pedir permiso para circular por la calle. Increible, pero cierto. ¿Nadie ha enseñado a esta gente que no se puede uno parar en medio de la acera como si fuera un burro abandonado? Ah, y no se le ocurra hacerles notar la incomodidad que provocan, porque las caras de incomprensión y estulticia son de no te menees. No comprenden nada. Despeje, oiga, despeje, que la calle no es suya. ¿Enseñarán a conducirse por la vía pública los nuevos manuales de Educación para la Ciudadanía? Mucho me temo que no...

10 sept 2007

Los calzoncillos del escándalo

Hace unos días leí en un periódico digital una noticia sobre la nueva polémica suscitada por una campaña de publicidad que muestra una imagen ofensiva para la religión. Se trata de los anuncios de una marca de ropa interior masculina que muestran a modelos disfrazadas de monjas, enfermeras, asistentas o secretarias, oliendo con cara de fruición unos calzoncillos. Las reflexiones son varias, a saber:

* Las fotos son, en primer lugar de mal gusto. Al contrario de lo que rezan las noticias y los encendidos comentarios algunos foreros, no se trata de monjas, ni enfermeras, ni empleadas del hogar auténticas, sino modelos disfrazadas de ellas, porque ya quisieran los católicos, los enfermos y los empleadores de asistentas que hubiera monjas, enfermeras y señoras de la limpieza con esos cuerpazos serranos. Así que se trata de modelos disfrazadas. Y lo de presentarlas medio desnudas -otra vez las mujeres como objeto sexual, que aburrimiento-, olisqueando unos calzoncillos es un pelín ofensivo. Pero lo primero que choca a la espectadora femenina -que al masculino tengo muy claro lo que choca, lo mazizas que están las mozas- es la pinta de las chicas en semejante actitud. Porque además, las fotos son de revista porno. Se ve un poquito ordinario, que se dice.

* En segundo lugar, los calzoncillos son feos de narices. Dudo mucho que consigan venderlos, aunque siempre hay algún cretino que asumirá que comprando la marca, las hembras entrarán en celo y perderán los papeles como las chicas de las fotos. Pero de ilusión también se vive.

* Como bien apunta una forera al hilo de tan "caliente" polémica, el periódico digital que publica la noticia -en un alarde de fariseismo periodístico- no ha privado a sus lectores de toda la colección completa de fotos, para deleite de los varones. A pesar ello, de que la información se basa en las encendidas protestas de los católicos, que han puesto el grito en el cielo al ver a una modelo disfrazada de monja en semejante actitud. Pero el periodista ha creido oportuno mostrarnos todas las instantáneas, porque las modelos son unos cañones, para qué vamos a mentir. Además, si vemos toda la colección podremos también hablar con conocimento de causa. Lo que me lleva a la tercera consideración.

* Si la campaña es ofensiva -que lo es, contra el buen gusto y la igualdad-, las enfermeras y las empleadas del hogar deberían estar igual de ofendidas que las católicas y los católicos. Ah, también salen deportistas y bebedoras solitarias, por si quieren protestar. Así que todas deberían cabrearse por igual. Ni más, ni menos. En cualquier caso, al final y como les pasa siempre (las campañas de Benetton y películas como Dios te salve, María o La última tentación de Cristo), los católicos ayudan a difundir masivamente esos contenidos que tanto les ofenden y atentan contra su religión. Tanto y tan encendidamente protestan contra cosas que no tienen la mayor importancia, que propagan el mensaje que pretenden acallar como nunca hubiera conseguido dicho mensaje por sí mismo. Vamos, que la cagan.
¿Tienen ustedes curiosidad? Pasen y vean...

4 sept 2007

Ocultos

A partir del próximo 3 de octubre se expondrá en Madrid una muestra de fotografías que tiene un protagonista muy especial: el trasero.
Culos -sobre todo de mujeres, claro- fotografiados por grandes artistas como Robert Capa, Cartier-Bresson, Man Ray, Lucien Clergue o Mapplethorpe, a los que se unen las instantáneas de los españoles Joan Colom, Rafael Navarro, Ramón Masats, Isabel Muñoz, Cristina García Rodero y Carlos Pérez Siquier. La exposición consta de 70 magníficas instantáneas que datan desde principios del siglo XX hasta nuestros días, con muchos y diferentes estilos y enfoques, pero todas centradas en esa parte tan 'especial' de nuestra anatomía. El título de la muestra -que puede verse en la Fundación Canal de la Plaza de Castilla-, lo dice todo: Ocultos.
Foto: El carrer. © Joan Colom

¿Cuánto vale un hijo?

Estupor. Incredulidad. Indignación. Eso es lo que me ha provocado leer una noticia sobre un nuevo reality show que la CBS americana está grabando, en el que un grupo de cuarenta niños entre 8 y 15 años sobrevive en un pueblo abandonado de Nuevo México al más puro estilo del oeste americano. Los padres de los infantes han firmado un contrato que incluye claúsulas como ésta: "Entiendo que el programa puede tener lugar en zonas peligrosas y puede exponer al menor a riesgos y condiciones que pueden provocar heridas graves, enfermedades o muerte, incluida la exposición a calor y frío extremos, delitos, inundaciones, colisiones, caídas o encuentros con animales salvajes".

Pero ahí no acaba todo. Por si el riesgo de muerte no fuera suficiente, los padres asumen también que sus hijos puedan sufrir "daños emocionales, enfermedades, dolencias de transmisión sexual, sida o embarazos" debido a su participación en el programa. Además, los progenitores de estos desgraciados niños se han comprometido a no hablar sobre el programa -que aún no ha sido estrenado-, durante los próximos cinco años. Abrir la boca les costaría cinco millones de dólares. En el video promocional de CBS puede verse cómo los niños cocinan, arrastran carros, montan sus propios negocios, arrean ganado, acarrean agua de los pozos, beben refrescos en el salón o se reunen para discutir los asuntos de su pequeña comunidad. Pero también discuten, se empujan y lloran como descosidos. De momento, uno de los niños se ha quemado al untarse por error un producto químico en la cara pensando que era crema solar, otra ha sufrido un esguince, otra se ha quemado la cara con aceite al cocinar, y otros tres han necesitado atención médica por beber de una botella de refresco sin etiqueta. Era lejía.

El gobierno de Nuevo México está investigando el programa por posible violación de las leyes que regulan el trabajo infantil, dado que el contrato de Kids Nation estipula la total disponibilidad de los niños durante el día completo, a cambio de 5.000 dólares para cada familia, que se convierten en 20.000 si el niño resulta ser uno de las estrellitas del show. Me dan ganas de vomitar. Me gustaría saber por qué se andan con tantas tonterías y no quitan inmediatamente la custodia de sus hijos a esta panda de sinvergüenzas explotadores de niños. Aceptar por dinero la posibilidad de que uno de tus hijos se exponga a las inclemencias del tiempo, heridas graves, accidentes, daños emocionales, enfermedades, ataques de animales salvajes, embarazos no deseados, sida o incluso la muerte, me parece un motivo más que suficiente. Cierto es que mucho peor están millones de niños en Sudamérica, la India, África y un montón de lugares más del planeta en el siquiera hay qué llevarse a la boca. Pero yo, que no tengo hijos, no llego a comprender cómo alguien puede dudar ni un segundo de que esto es una auténtica aberración.

La vuelta al cole

Ya estamos de vuelta. Y tampoco pasa nada, la verdad. Como a todo hijo de vecino, me gustaría seguir de vacaciones, claro. Pero si algo aprendí hace mucho tiempo es que todo lo bueno se acaba, y que además se disfruta de las cosas por contraste. Sabemos lo que es el ocio porque sabemos lo que es el trabajo, y sabemos lo que es dulce porque conocemos lo salado. Así que afortunadamente nunca he sufrido de síndrome post-vacacional, esa chuminada inventada por los psicólogos para definir la contrariedad natural que a uno de produce tener que volver al tajo, y que algunos elevan a la categoría de mini-depresión sin motivo fundado. Hay que ver qué flojos somos. A picar piedra a pleno sol habría que llevar a algunos. Foto: Genie McChane’s

15 ago 2007

El spot de la semana: ¿Un mal día?

Aprovechando que ando por el foro -ya os conté mis aventuras lisboetas hace un par de días, nada más regresar-, he decidido obsequiaros con un nuevo spot, este fresco y optimista, como deben ser las vacaciones. Se trata de un anuncio de pañales Huggies. Sí, habéis leído bien: pañales. Es la historia de un mal día, creada por McCann Erickson para la marca Huggies de Unilever. Es un buen anuncio. Que lo disfrutéis...

13 ago 2007

Crónica de unos días lisboetas de verano

"Desde la terraza del café miro trémulamente hacia la vida. Poco veo de ella -el bullicio- en esta concentración suya en esta plazuela nítida y mía. Un marasmo como un comienzo de borrachera me elucida el alma de cosas. Transcurre fuera de mí en los pasos de los que pasan. (...) La vida evidente y unánime"
Fernando Pessoa , El libro del desasosiego

He vuelto esta mañana de Lisboa, que sigue siendo una ciudad mágica y hermosa, llena de rincones fascinantes, de música y de vida. Allí he pasado los últimos cinco días, descubriendo nuevos lugares y fotografiando todo aquello que se me ponía por delante y me sugería algo especial. La ciudad de los fados y los tranvías hervía bajo el sol de agosto, animada pero lánguida y decadente, como me parece siempre ese lugar.

Una de las mejores anécdotas del viaje ha sido la experiencia del fado amateur en la Tasca do Chico, ese clásico del barrio alto en el que algunos aficionados al cantar popular portugués -que se cuentan por millones en todo el país, y lo defienden como si les fuera la vida en ello-, deleitan a turistas y locales en un pequeño y abarrotado local, en el que la comida y la bebida son de puro relleno. Las famosas fibanas -el clásico montadito en versión cutre- son cuartelarias, y la sangría parece hecha con Redoxón, pero cuando las luces se apagan, ni las moscas se atreven a volar: el público chista sin cesar hasta volverse impertinente a cualquiera que ose respirar cuando las guitarras suenan y los fadistas se arrancan. Como véis, no hay fotos del evento. Topamos incluso con el ego de una diva aficionada con ínfulas de Rodrigues, y con la bizarra -gracias por sugerir el término, Laura-, actuación de un fadista mezcla de Arnold Schwarzeneger y Clark Gable, un hombre todo músculo y sentimiento. Esto, como todo lo que no se puede pagar con Mastercard, no tiene precio.

Para sangria y fado buenos los del Chapitô, el ya famoso local de una organización cuyo objetivo dice ser la acción social, mediante la formación y la difusión de la cultura. Quizá os hable de él otro día, pero yo fui a conocerlo una noche, pues había sido recomendado especialmente por amigos como sitio chulo para ir a tomar una copa con vistas privilegiadas y precioso entorno. El local, para echarse una copichuela en su terraza, cenar o bajar al sótano a escuchar música en directo, es realmente precioso. Tiene un ambiente lo que se dice agradable -con un puntito entre hippie y pijo-, y su sangría con hierbabuena y canela es realmente deliciosa. Tanto, que estuvimos escuchando a una dotada joven que cantaba fados durante unas tres horas, y luego no tuvimos ganas de cortarnos las venas. Y como no corrió la sangre, nos mudamos -ya a eso de las dos de la madrugada de un viernes lisboeta- a una coqueta tetería que queda poco más abajo del tourmalet que es esa cuestecita de la Costa do Castelo. Allí, haciendo honor al espíritu del local, nos fumamos una cachimba de melón y sorbimos despacito un té Yoga, con cardamomo y jengibre. Una gran noche en Lisboa.

Otro de los hitos -que resultó del todo exitoso, ya veréis por qué- de mi estancia fue el desayuno en el Martinho da Arcada, el mítico café del que dicen que Pessoa -lo siento, Guada, ya sé que no te gusta-, fue asiduo. No he podido olvidar su tarta de chocolate, y por tres veces fui hasta la Plaza del Comercio a buscarla infructuosamente. Cansada de acudir sin fruto en pos de mi porción de dulce, decidí pasar uno de esos viernes tranquilos y magníficos recorriendo despacio una ciudad sin prisa. Pero antes había que prepararse: me compré un ejemplar de El País y me senté en la terraza del Martinho a desayunar en condiciones. Una soberbia raja de melón dulce, un zumo de naranja, un cafelito y un bollo me dejaron como nueva. Y aproveché el tirón para ver una bonita exposición de dos fotógrafos de National Geographic sobre la belleza mar y su expolio. Y luego al Jardín Botánico, un edén en medio de Lisboa, en que pueden admirarse desde deliciosas flores a impresionantes árboles de todo tipo, pasando por un criadero de mariposas Monarca.

Me gustan las casas, las calles y las pintadas de Lisboa. Es una ciudad llena de extrañas figuras que la asaltan a una desde cualquier esquina. Presos surfistas, calaveras vaqueras, muñecas tristes o demandas populares, en un blanco y negro y technicolor que convierten a la ciudad en una galería de arte gigante. Y tienen tiendas en las que uno puede comprar el póster de su película favorita, encontrar extraños juguetes desfasados, ojear retrógados tratados sobre belleza femenina, catar todo tipo de Vinhos do Porto, o probarse camisetas ultramodernas. Al caer la tarde de mi último día en Lisboa me fui a recorrer la Rua Dom Pedro V, hasta encontrar el Pavilhao Chinês, un curioso bar en que no cabe ni un solo alfiler más en las paredes. Hay soldaditos de plomo, bustos femeninos, platos de cerámica, maquetas de tren, anteojos, plumas, vasos, abanicos...es como un rastro gigante emparedado, a la luz de las ténues lamparitas, en el que parece que los relojes no sólo se detienen, sino que vuelven atrás en el tiempo. Es un lugar singular, único. Y se puede jugar al billar, qué más queréis.

Como epílogo, lamento decirlo, pero los lisboetas no han sido en mi experiencia gente especialmente acogedora o simpática de entrada. "Hay que ganárselos", dice una amiga que los conoce bien. En su descargo he de alegar que agosto es mal momento para estar en casi cualquier sitio, excepto en casa de uno, pero los proletarios debemos viajar cuando el patrón lo autoriza. Aún así, resulta sumamente agotador que intenten meterle a uno el clavo allá donde pisa, desde el hotel hasta el restaurante, pasando por el taxi o la tienda de souvenirs. Y eso que los lisboetas tienen una retranca especial, mezclada incluso a veces con un puntito salvaje importado de Brasil, como cuando le ofrecen a una sexo por la calle. Pero cualquiera les tose. Si ya lo dicen en las pintadas: "Turista, respete el silencio portugués o váyase a España". Que se lo hagan ver, que diría mi amiga Rosa...

Si alguien quisiera ver más fotos de este viaje están en mi fotoblog.