22 sept. 2007

La jungla urbana: los mediadores

Tengo la gran fortuna de poder ir caminando a trabajar. Salgo a la calle cada mañana con mi iPod conectado a las orejillas, con la música más alegre e inspiradora que pueda encontrar, para que el paseo matutino hasta la oficina se convierta en algo agradable. Es una buena forma de iniciar el día sin los agobios del tráfico, los empujones del transporte público y, en definitiva, la vorágine laboral de una gran ciudad como Madrid. Pero las aceras tampoco se libran de algunos obstáculos que uno debe superar para que el viaje laboral culmine con éxito. Los semáforos y cruces imposibles, las zanjas y vallas de las obras, y esos a los que he bautizado como "los dichosos mediadores", que se multiplican por las calles como los hongos con la humedad del otoño. Sí, los mediadores: esos individuos e individuas que, con cualquier pretexto, se aparcan en medio de la acera impidiendo el paso a los que con ellos comparten las calles de la ciudad. Buscar algo en el bolso, charlar amigablemente con las vecinas, o la necesidad de propinar unos azotillos en el culo al nene díscolo son suficiente motivo para congestionar la acera e impedir el paso a los demás viandantes. Y en ocasiones, por más que uno busca, no encuentra camino alternativo, y ha de pedir permiso para circular por la calle. Increible, pero cierto. ¿Nadie ha enseñado a esta gente que no se puede uno parar en medio de la acera como si fuera un burro abandonado? Ah, y no se le ocurra hacerles notar la incomodidad que provocan, porque las caras de incomprensión y estulticia son de no te menees. No comprenden nada. Despeje, oiga, despeje, que la calle no es suya. ¿Enseñarán a conducirse por la vía pública los nuevos manuales de Educación para la Ciudadanía? Mucho me temo que no...

10 sept. 2007

Los calzoncillos del escándalo

Hace unos días leí en un periódico digital una noticia sobre la nueva polémica suscitada por una campaña de publicidad que muestra una imagen ofensiva para la religión. Se trata de los anuncios de una marca de ropa interior masculina que muestran a modelos disfrazadas de monjas, enfermeras, asistentas o secretarias, oliendo con cara de fruición unos calzoncillos. Las reflexiones son varias, a saber:

* Las fotos son, en primer lugar de mal gusto. Al contrario de lo que rezan las noticias y los encendidos comentarios algunos foreros, no se trata de monjas, ni enfermeras, ni empleadas del hogar auténticas, sino modelos disfrazadas de ellas, porque ya quisieran los católicos, los enfermos y los empleadores de asistentas que hubiera monjas, enfermeras y señoras de la limpieza con esos cuerpazos serranos. Así que se trata de modelos disfrazadas. Y lo de presentarlas medio desnudas -otra vez las mujeres como objeto sexual, que aburrimiento-, olisqueando unos calzoncillos es un pelín ofensivo. Pero lo primero que choca a la espectadora femenina -que al masculino tengo muy claro lo que choca, lo mazizas que están las mozas- es la pinta de las chicas en semejante actitud. Porque además, las fotos son de revista porno. Se ve un poquito ordinario, que se dice.

* En segundo lugar, los calzoncillos son feos de narices. Dudo mucho que consigan venderlos, aunque siempre hay algún cretino que asumirá que comprando la marca, las hembras entrarán en celo y perderán los papeles como las chicas de las fotos. Pero de ilusión también se vive.

* Como bien apunta una forera al hilo de tan "caliente" polémica, el periódico digital que publica la noticia -en un alarde de fariseismo periodístico- no ha privado a sus lectores de toda la colección completa de fotos, para deleite de los varones. A pesar ello, de que la información se basa en las encendidas protestas de los católicos, que han puesto el grito en el cielo al ver a una modelo disfrazada de monja en semejante actitud. Pero el periodista ha creido oportuno mostrarnos todas las instantáneas, porque las modelos son unos cañones, para qué vamos a mentir. Además, si vemos toda la colección podremos también hablar con conocimento de causa. Lo que me lleva a la tercera consideración.

* Si la campaña es ofensiva -que lo es, contra el buen gusto y la igualdad-, las enfermeras y las empleadas del hogar deberían estar igual de ofendidas que las católicas y los católicos. Ah, también salen deportistas y bebedoras solitarias, por si quieren protestar. Así que todas deberían cabrearse por igual. Ni más, ni menos. En cualquier caso, al final y como les pasa siempre (las campañas de Benetton y películas como Dios te salve, María o La última tentación de Cristo), los católicos ayudan a difundir masivamente esos contenidos que tanto les ofenden y atentan contra su religión. Tanto y tan encendidamente protestan contra cosas que no tienen la mayor importancia, que propagan el mensaje que pretenden acallar como nunca hubiera conseguido dicho mensaje por sí mismo. Vamos, que la cagan.
¿Tienen ustedes curiosidad? Pasen y vean...

4 sept. 2007

Ocultos

A partir del próximo 3 de octubre se expondrá en Madrid una muestra de fotografías que tiene un protagonista muy especial: el trasero.
Culos -sobre todo de mujeres, claro- fotografiados por grandes artistas como Robert Capa, Cartier-Bresson, Man Ray, Lucien Clergue o Mapplethorpe, a los que se unen las instantáneas de los españoles Joan Colom, Rafael Navarro, Ramón Masats, Isabel Muñoz, Cristina García Rodero y Carlos Pérez Siquier. La exposición consta de 70 magníficas instantáneas que datan desde principios del siglo XX hasta nuestros días, con muchos y diferentes estilos y enfoques, pero todas centradas en esa parte tan 'especial' de nuestra anatomía. El título de la muestra -que puede verse en la Fundación Canal de la Plaza de Castilla-, lo dice todo: Ocultos.
Foto: El carrer. © Joan Colom

¿Cuánto vale un hijo?

Estupor. Incredulidad. Indignación. Eso es lo que me ha provocado leer una noticia sobre un nuevo reality show que la CBS americana está grabando, en el que un grupo de cuarenta niños entre 8 y 15 años sobrevive en un pueblo abandonado de Nuevo México al más puro estilo del oeste americano. Los padres de los infantes han firmado un contrato que incluye claúsulas como ésta: "Entiendo que el programa puede tener lugar en zonas peligrosas y puede exponer al menor a riesgos y condiciones que pueden provocar heridas graves, enfermedades o muerte, incluida la exposición a calor y frío extremos, delitos, inundaciones, colisiones, caídas o encuentros con animales salvajes".

Pero ahí no acaba todo. Por si el riesgo de muerte no fuera suficiente, los padres asumen también que sus hijos puedan sufrir "daños emocionales, enfermedades, dolencias de transmisión sexual, sida o embarazos" debido a su participación en el programa. Además, los progenitores de estos desgraciados niños se han comprometido a no hablar sobre el programa -que aún no ha sido estrenado-, durante los próximos cinco años. Abrir la boca les costaría cinco millones de dólares. En el video promocional de CBS puede verse cómo los niños cocinan, arrastran carros, montan sus propios negocios, arrean ganado, acarrean agua de los pozos, beben refrescos en el salón o se reunen para discutir los asuntos de su pequeña comunidad. Pero también discuten, se empujan y lloran como descosidos. De momento, uno de los niños se ha quemado al untarse por error un producto químico en la cara pensando que era crema solar, otra ha sufrido un esguince, otra se ha quemado la cara con aceite al cocinar, y otros tres han necesitado atención médica por beber de una botella de refresco sin etiqueta. Era lejía.

El gobierno de Nuevo México está investigando el programa por posible violación de las leyes que regulan el trabajo infantil, dado que el contrato de Kids Nation estipula la total disponibilidad de los niños durante el día completo, a cambio de 5.000 dólares para cada familia, que se convierten en 20.000 si el niño resulta ser uno de las estrellitas del show. Me dan ganas de vomitar. Me gustaría saber por qué se andan con tantas tonterías y no quitan inmediatamente la custodia de sus hijos a esta panda de sinvergüenzas explotadores de niños. Aceptar por dinero la posibilidad de que uno de tus hijos se exponga a las inclemencias del tiempo, heridas graves, accidentes, daños emocionales, enfermedades, ataques de animales salvajes, embarazos no deseados, sida o incluso la muerte, me parece un motivo más que suficiente. Cierto es que mucho peor están millones de niños en Sudamérica, la India, África y un montón de lugares más del planeta en el siquiera hay qué llevarse a la boca. Pero yo, que no tengo hijos, no llego a comprender cómo alguien puede dudar ni un segundo de que esto es una auténtica aberración.

La vuelta al cole

Ya estamos de vuelta. Y tampoco pasa nada, la verdad. Como a todo hijo de vecino, me gustaría seguir de vacaciones, claro. Pero si algo aprendí hace mucho tiempo es que todo lo bueno se acaba, y que además se disfruta de las cosas por contraste. Sabemos lo que es el ocio porque sabemos lo que es el trabajo, y sabemos lo que es dulce porque conocemos lo salado. Así que afortunadamente nunca he sufrido de síndrome post-vacacional, esa chuminada inventada por los psicólogos para definir la contrariedad natural que a uno de produce tener que volver al tajo, y que algunos elevan a la categoría de mini-depresión sin motivo fundado. Hay que ver qué flojos somos. A picar piedra a pleno sol habría que llevar a algunos. Foto: Genie McChane’s