10 sept. 2007

Los calzoncillos del escándalo

Hace unos días leí en un periódico digital una noticia sobre la nueva polémica suscitada por una campaña de publicidad que muestra una imagen ofensiva para la religión. Se trata de los anuncios de una marca de ropa interior masculina que muestran a modelos disfrazadas de monjas, enfermeras, asistentas o secretarias, oliendo con cara de fruición unos calzoncillos. Las reflexiones son varias, a saber:

* Las fotos son, en primer lugar de mal gusto. Al contrario de lo que rezan las noticias y los encendidos comentarios algunos foreros, no se trata de monjas, ni enfermeras, ni empleadas del hogar auténticas, sino modelos disfrazadas de ellas, porque ya quisieran los católicos, los enfermos y los empleadores de asistentas que hubiera monjas, enfermeras y señoras de la limpieza con esos cuerpazos serranos. Así que se trata de modelos disfrazadas. Y lo de presentarlas medio desnudas -otra vez las mujeres como objeto sexual, que aburrimiento-, olisqueando unos calzoncillos es un pelín ofensivo. Pero lo primero que choca a la espectadora femenina -que al masculino tengo muy claro lo que choca, lo mazizas que están las mozas- es la pinta de las chicas en semejante actitud. Porque además, las fotos son de revista porno. Se ve un poquito ordinario, que se dice.

* En segundo lugar, los calzoncillos son feos de narices. Dudo mucho que consigan venderlos, aunque siempre hay algún cretino que asumirá que comprando la marca, las hembras entrarán en celo y perderán los papeles como las chicas de las fotos. Pero de ilusión también se vive.

* Como bien apunta una forera al hilo de tan "caliente" polémica, el periódico digital que publica la noticia -en un alarde de fariseismo periodístico- no ha privado a sus lectores de toda la colección completa de fotos, para deleite de los varones. A pesar ello, de que la información se basa en las encendidas protestas de los católicos, que han puesto el grito en el cielo al ver a una modelo disfrazada de monja en semejante actitud. Pero el periodista ha creido oportuno mostrarnos todas las instantáneas, porque las modelos son unos cañones, para qué vamos a mentir. Además, si vemos toda la colección podremos también hablar con conocimento de causa. Lo que me lleva a la tercera consideración.

* Si la campaña es ofensiva -que lo es, contra el buen gusto y la igualdad-, las enfermeras y las empleadas del hogar deberían estar igual de ofendidas que las católicas y los católicos. Ah, también salen deportistas y bebedoras solitarias, por si quieren protestar. Así que todas deberían cabrearse por igual. Ni más, ni menos. En cualquier caso, al final y como les pasa siempre (las campañas de Benetton y películas como Dios te salve, María o La última tentación de Cristo), los católicos ayudan a difundir masivamente esos contenidos que tanto les ofenden y atentan contra su religión. Tanto y tan encendidamente protestan contra cosas que no tienen la mayor importancia, que propagan el mensaje que pretenden acallar como nunca hubiera conseguido dicho mensaje por sí mismo. Vamos, que la cagan.
¿Tienen ustedes curiosidad? Pasen y vean...

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