24 may. 2007

Soltad a los bichos

Tanto tiempo sin atender mi pequeña ventana al mundo no tiene perdón y es pecado capital en la blogsfera. Ha sido un tiempo un tanto ajetreado y delicado de salud, por qué negarlo. Pero no llega el blog al olvido, como no llegó la sangre al río, y aquí estoy de nuevo para contaros las cositas de los medios que me han sorprendido, indignado, interesado, emocionado o divertido en estos últimos días. Ahí va:

El zoo de la ciudad alemana de Rotterdam va a instalar una cristalera para que el gorila Bokito no pueda ver al público y vuelva a escaparse. La semana pasada lo hizo, y le dio una tunda a una buena señora de nombre Petronella, que se dedica a visitar al primate tres y cuatro veces por semana. Ella debió creer que cuando Bokito le enseñaba los dientes, le estaba sonriendo, pero los gorilas se cabrean bastante si se les mira fijamente (¿es que nadie recuerda los vídeos de Jane Goodall o ha visto Gorillas en la niebla?). Tanto que, aunque también le tienen miedo al agua, Bokito y sus 180 kilos de peso saltaron el viernes el estanque que les separa del público y se despacharon a gusto con la insolente Petronella, pateándole las costillas, aplastándole la mano y dando después un susto de muerte a varios visitantes.

El zoo se enfrenta ahora a varias querellas por no haber dispuesto las suficientes medidas de seguridad para evitar que ocurriera. En cierto modo entiendo a los afectados, claro. Pero tengo de nuevo la sensación de que en este extraño mundo en el que vivimos, la gente asume riesgos -mayores o menores-, con total desconocimiento de causa, y si luego pasa algo, que venga el estado y pague. Los zoos son lugares a los que vamos a ver a los animales salvajes -que deberían vivir a miles de kilómetros de distancia en impenetrables selvas o en recónditos desiertos- como si estuvieran en su casa, pero a dos manzanas de la nuestra. Nos da pena verlos encerrados en jaulas y queremos que sus casitas sean de madera y se recree su entorno lo mejor posible. Lo otro es cruel. Pero si el gorila salta el lago -en teoria una buena medida de seguridad- porque una hembra de homínido se dedica a retarle cuatro días en semana mirándole fijamente durante largo rato, hay que encerrarlo bien y pagar una indemnización.

La cuestión es que los zoos no deberían existir. Si alguien quiere ver leones, que se vaya a África. Ante este argumento, hay quien sostiene que entonces sólo los ricos podrían darse el lujo de ver animales salvajes en su hábitat natural. Demagogia pura. Los ricos pueden hacer lo que quieran, y los pobres lo que les dejan. Siempre ha sido así y siempre lo será. Yo quiero ver muchas cosas y nadie me las trae a un museo para que las tenga más cerca. ¿Por qué hacerlo entonces con los seres vivos, con aquellos que comparten este planeta con nosotros? También podría defenderse la existencia de los zoos argumentando que hoy día los animales casi están peor en libertad. La contaminación de mares y ríos, la tala de bosques y selvas y demás barbaridades, están dejando el planeta hecho unos zorros, un mal entorno para cualquiera. Sin embargo, las condiciones en la mayoría de los zoos del mundo dejan mucho que desear, así que al menos en libertad los pobres animalillos podrían luchar por la supervivencia. Encerrados en los zoos pronto correrán el peligro de que la gente pida su sacrificio ejemplar por actuar según su naturaleza.

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