15 nov. 2007

El italiano de 'Supermodelo' y las empresarias del futuro

Me cuenta un colega -que estuvo ayer en un encuentro del Instituto de Empresa y la Cámara de Comercio para emprendedores- una anécdota jugosa. El evento registró una notable asistencia, compuesta en su mayoría por jóvenes estudiantes, suponemos que de facultades y escuelas de negocios varios. Pues bien, tras analizar intensivamente durante el día los requisitos para triunfar en el mundo empresarial, invitaron al italiano Valerio Pino (bailarín y modelo italiano, famoso en España por ser uno de los profesores del televisivo concurso 'Supermodelo'), a cerrar la jornada. Pero antes, el director del evento invitó a dos espontáneos a subir al estrado para valorar el desarrollo del mismo. Según me cuenta mi compañero, uno de los dos chavales que subieron al estrado aseguró que las jornadas habían sido muy interesantes, pero que no entendía -con mucha razón, por cierto-, por qué habían invitado a clausurarlas a un señor que no tenía nada que ver con aquel asunto y que trabajaba en un programa que denigraba a las mujeres. El público estalló en aplausos, secundando la reivindicación feminista (o femenina, como prefiráis, que ni uno ni otro término me asustan) del joven emprendedor.

Sin embargo, y tal y como estaba previsto, tras estas últimas intervenciones subió a estrado el presentador italiano, famoso por asustar con aullidos de contenido implacable a las tiernas jovenzuelas que concursan para convertirse en super modelos en un programa de Cuatro. El auditorio se convirtió en un desgañitado grito de gallina adolescente. Después de las típicas palabras de cortesía, Valerio invitó a los presentes a participar en un sorteo para asistir en directo al programa. Sacó un nombre de entre la lista de asistentes. El afortunado gritó en medio de la sala: "No quiero ir". Con el siguiente ocurrió lo mismo. Y con el tercero también. Eran todos chicos. Manteniendo la presencia de ánimo con la soltura que dan las cámaras y los platós de un programa como Supermodelo, Valerio decidió rápidamente: "Vamos a hacer una cosa: las primeras personas que suban al escenario estarán invitadas a venir al programa". Y ahí empezó la hecatombe. Según mi colega, en ese momento unas veinte jóvenes muchachas se abalanzaron sobre el estrado, en una frenética carrera hacia su pase a la tele, brincando incluso por encima de las butacas del salón de actos...

Aparte de lo divertida que debió ser la escena, me complace sobremanera saber que algunos jovenzuelos defienden con tanta vehemencia la dignidad de la mujer, utilizada en programas de televisión y concursos de belleza como objeto decorativo. Aunque en el mundo actual los hombres también decoran y sirven para vender cosas. El culto incondicional y absoluto a la belleza ya es cosa de todos. Pero gracias, chicos.

También me hace gracia que las emprendedoras del futuro se maten por conseguir un pase a la tele para ver en directo un programa como Supermodelo. ¿Una secreta vocación? ¿Simple tontería juvenil? Sea lo que sea, quedaron como el culo las nenas.

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